“Una nueva forma de gestionar la tierra es imprescindible para la lucha contra el cambio climático, la transición energética, el reto de la soberanía alimentaria y de la viabilidad del sector agro-ganadero.”
Los primeros 30cm de un suelo agrícola vivo es donde residen todos los microorganismos que generan la vida en el planeta. Por tanto, para los que vivimos (especialmente para los agricultores y ganaderos que vivimos) conocer muy bien cómo funciona el suelo agrícola fértil y su simbiosis con las plantas, los animales herbívoros, las aves que desparasitan y los depredadores debería ser de vital importancia. Además, la interacción entre todos estos elementos es la que permite que la vida se siga desarrollando y los humanos necesitamos extraer productos de este sistema para alimentarnos.
Desde mediados del siglo XX, la atención de agricultores y ganaderos de todo el mundo sigue centrándose en el rendimiento cuantitativo y la práctica de agricultura y ganadería intensivas para conseguirlo. El deterioro de la tierra ha sido casi inevitable, puesto que con este sistema productivo intensivo la tierra se desmineraliza, se ve afectada biológicamente por la fuerte mecanización y grandes movimientos de tierras, ya menudo también está cargada de residuos de herbicidas y pesticidas.

Llegados a este punto, una nueva forma de gestionar la tierra es imprescindible para la lucha contra el cambio climático, la transición energética, el reto de la soberanía alimentaria y de la viabilidad del sector agro-ganadero. Cada vez la percepción de los efectos adversos del cambio climático es más evidente, con cifras récord de altas temperaturas, fuegos virulentos, lluvias intensas y desiguales en el territorio y un rendimiento alterado de plantas y animales. Además, la guerra en Ucrania, ha evidenciado la dependencia de las energías derivadas del petróleo y la carencia de diversidad agrícola y de soberanía alimentaria de los países. Por último, las pequeñas explotaciones agro-ganaderas pliegan o subsisten cómo pueden frente a las cosechas cada vez más inciertas, la subida generalizada de los precios de materias primas y de energía y los gastos para hacer frente a nuevas normativas y burocracia excesiva.
Por todo ello, cuando hablamos de encontrar soluciones a esta situación, últimamente escuchamos muchas palabras como permacultura, agroecología, agroforestía, agricultura sostenible, diseño keyline, manejo holístico, prácticas de siembra directa, etc. y, especialmente, las de agricultura regenerativa. Pero, ¿qué es la agricultura regenerativa?
“A menudo la agricultura regenerativa también se llama la agricultura del cambio climático. Si todos los suelos arables del mundo aumentaran la captación del carbono un 1,6%, en 10 años habríamos captado todo el exceso de CO2 de la atmósfera y lo habríamos fijado en el suelo.”
La agricultura regenerativa es un conjunto de técnicas agrícolas modernas con conocimientos ancestrales, con las que el agricultor y el ganadero colaboran con la naturaleza (abandonando el deseo de dominarla) formando parte de un ecosistema de producción en el que se mantenga el equilibrio natural, trabajando para recuperar la fertilidad de la tierra, para regenerar el suelo, sin empobrecerlo ni contaminarlo.
Este tipo de agricultura busca aplicar los mecanismos que ocurren de forma natural en los ecosistemas salvajes y aplicarlos al agrosistema cultivado creando ecosistemas sanos, estables y resistentes a plagas y enfermedades. No se trata de sustituir productos químicos de síntesis por productos químicos naturales menos contaminantes, sino crear ecosistemas resilientes que funcionen con la mínima intervención de la mano del hombre. Este nuevo enfoque por parte de los agricultores y ganaderos es clave y no es fácil. Sólo aquellos más concienciados y atrevidos implementan este nuevo sistema productivo que requiere formación, tiempo, paciencia y dinero. La transición a la agricultura regenerativa implica una visión a medio-largo plazo. Se calcula que se necesitan entre 5 y 10 años para que el ecosistema funcione plenamente. En los primeros años, la producción de la tierra es inferior a una producción habitual antes de implementarlo y hay que hacer frente, además, a pérdidas económicas por la baja producción y por las inversiones de implementación del sistema. Sin embargo, con los años, quienes se han atrevido a hacerlo, consiguen rentabilidades más altas de sus fincas y han reducido considerablemente los costes de producción.

A menudo, la agricultura regenerativa también se llama la agricultura del cambio climático. Si todos los suelos arables del mundo aumentaran la captación del carbono un 1,6%, en 10 años habríamos captado todo el exceso de CO2 de la atmósfera y lo habríamos fijado en el suelo. La tecnología agrícola adecuada para combatir el cambio climático es la fotosíntesis de las plantas, que captan el CO2 de la atmósfera y fijan el carbono necesario en el suelo y liberan su oxígeno. Y el pasto del ganado es lo que más estimula la fotosíntesis de las plantas. Por este motivo, la agricultura regenerativa promueve la cría, en un mismo espacio, de diversas especies animales y vegetales que actúan entre sí de forma simbiótica, asegurando un equilibrio sostenible y enriquecimiento del suelo.
A nivel práctico, con la agricultura regenerativa desaparece la labrada y se mantiene una cobertura vegetal permanente del suelo con diversificación de plantas cultivadas y árboles, que ayuda a la fijación ininterrumpida del carbono pero también a la retención del agua de la lluvia o del riego, evitando al mismo tiempo su erosión. Con la reducción del impacto mecánico de la labor y la aplicación de una siembra directa se protege mejor el hábitat y la riqueza biológica de los organismos que viven en el suelo.
La ganadería extensiva puede contribuir a la vitalidad biológica del suelo. Se trata de imitar a las antiguas poblaciones nómadas o rebaños trashumantes, que se iban moviendo allá donde encontraban agua y comida por su ganado, en un espacio delimitado y con un sistema de planificación y toma de decisiones que ayude a gestionar mejor los recursos agrícolas . En este sistema, el rebaño de ganado herbívoro pasta intensamente un espacio durante un tiempo determinado alimentando el suelo con los excedentes de las plantas y sus heces. Después se traslada a otro espacio a realizar el mismo proceso dejando tiempo en el espacio abandonado para que el suelo vivo lo absorba, lo transforme y regenere las plantas que ha quedado.
“Los consumidores cada vez aprecian más este tipo de producción de alimentos respetuosa con el medio ambiente y, con el consumo de este tipo de alimentos, ayudan a agricultores y ganaderos que lo implementamos porque son más conscientes de su capacidad para decidir activamente qué tipo de modelo productivo agro-ganadero quieren potenciar.”
Con este tipo de agricultura se consiguen alimentos saludables para las personas porque los productos procedentes del ganado que pasto son muy nutritivos y de una calidad excepcional. Además, los consumidores cada vez aprecian más este tipo de producción de alimentos respetuosa con el medio ambiente y, con el consumo de este tipo de alimentos, ayudan a agricultores y ganaderos que lo implementamos porque son más conscientes de su capacidad para decidir activamente qué tipo de modelo productivo agroganadero quieren potenciar.
Quien quiera saber más sobre este sistema agro-ganadero resiliente que se basa en conocer y potenciar las relaciones naturales entre suelo vivo, plantas y animales para incrementar la fertilidad de todo el sistema productivo, año tras año, recomiendo ver el documental “Kiss the ground” accesible en Netflix.
Más información:
https://emporion.org/lagricultura-regenerativa/

